Nunca he tenido el instinto de una interiorista.

Admiro a las personas que entran en una habitación y saben inmediatamente qué necesita. A mí me llevó casi tres años conseguir que mi propio salón se sintiera realmente bien. Movía cosas, cambiaba cosas, añadía cosas… y aun así seguía teniendo la sensación de que faltaba algo.

Con el tiempo, me di cuenta de que lo que más cambiaba la habitación no era algo que pudiera ver.

Era el aroma.

Una fragancia podía hacer que exactamente el mismo espacio se sintiera más cálido, más oscuro, más fresco o más íntimo. Nada había cambiado de lugar y, sin embargo, mi percepción del espacio era completamente distinta.

El problema era que rara vez encontraba fragancias para el hogar con las que realmente quisiera convivir. Algunas me encantaban por sí solas, pero no una vez dentro de la habitación. A otras simplemente les faltaban la profundidad y el carácter que buscaba.

Así que empecé a hacer mis propias velas. No con la intención de crear una marca, sino porque quería fragancias que se sintieran bien en mi propia casa.

Llegué a entender el aroma como ese elemento que no había sabido identificar. No cambiaba el aspecto de la habitación; cambiaba si la habitación se sentía completa.

Con el tiempo, esa idea se convirtió en HAUTEASE.

Hoy sigo creando fragancias de una manera muy parecida: pensando en el espacio que van a habitar, en la presencia que tendrán dentro de él y en la sensación que dejarán.

Porque una habitación puede contener todo lo que necesita y, aun así, sentirse como si faltara algo.

A veces, ese algo es el aroma.

Laura E.
Fundadora, HAUTEASE

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